Moralejas

La casa ha empezado a llenarse de hormigas, rojas de esas grandes, asustan más que las negras, las que estamos acostumbrados a ver.
Amelie sale al porche como poseída con el insecticida vomitando polvo blanco en la mano, gritando improperios sobre ellas, mientras aparta a patadas bolsas de basura y trastos acumulados. Acabado el bote, lo tira al suelo y entra de nuevo en la casa, apartando a su paso más basura acumulada.
Las hormigas, cual casacas rojas, vuelven a la senda meses atrás creada, tienen aún mucho trabajo por hacer. Amelie un día más, en casa, sola.


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